Historia y legado
El velero que abrió camino
a la escuela de la mar
Antes del Elcano y antes del Galatea hubo un Nautilus. Botado en Glasgow en 1866 con el nombre de Carrick Castle, aquel velero de casco compuesto cambió de bandera en 1886, cuando la Armada lo adquirió por empeño de un marino convencido de que los futuros oficiales debían aprender su oficio bajo vela: Fernando Villaamil. Con él empezó, de verdad, la gran escuela de la mar española.
La prueba de que Villaamil tenía razón llegó el 30 de noviembre de 1892, cuando el Nautilus largó amarras en Ferrol rumbo a la vuelta al mundo. Iba al mando del propio Villaamil y con una dotación en la que abundaban gallegos y asturianos, que se llevaron sus gaitas para endulzar la larga ausencia. En 1894 regresaba tras una de las gestas más recordadas de la marina española.
Aquel viaje hizo del Nautilus escuela de guardiamarinas y embajador itinerante de España en puertos de los cinco continentes. Mereció una medalla conmemorativa y un libro, el que escribió Villaamil para contarlo. Y dejó sembrado un linaje: tras él vinieron la Reina Blanca, la Almansa, la Asturias, el Galatea y el Juan Sebastián de Elcano, y su memoria quedó tan grabada en la Armada que uno de los cuatro palos del Elcano lleva hoy su nombre.
Dado de baja a comienzos del siglo XX, el Nautilus dejó tras de sí el legado de haber abierto el camino que hoy siguen los grandes veleros escuela de la hispanidad. Mucho antes de que existieran el Elcano, el Gloria o el Guayas, un velero español ya enseñaba a navegar con las estrellas.
⚒ Constructor: John Elder & Co., Glasgow