Historia y legado
El aula naval de Colombia,
escuela de honor y camaradería
El Gloria fue el primero. Antes que el Guayas, que el Simón Bolívar y que el Cuauhtémoc, salió de los astilleros de Bilbao, en 1968, el velero de tres palos que inauguraría una dinastía de grandes buques escuela hispanoamericanos. Para Colombia fue mucho más que una incorporación a la flota: fue la llegada de un aula flotante con vocación de embajada.
Bajo sus más de mil doscientos metros cuadrados de lona se forman los guardiamarinas de la Armada Nacional de Colombia, y allí aprenden que el mar no regala nada y que todo se comparte: el esfuerzo, el turno de guardia, la ración y también la alegría de ver aparecer la costa después de semanas de horizonte. Su casco blanco y sus velas desplegadas son, para el colombiano que vive lejos, un pedazo de patria que atraca en el muelle.
Los veleros hermanos lo saludan como a un decano. Con el Juan Sebastián de Elcano, el Cuauhtémoc y el Guayas ha compartido regatas y escalas en los grandes encuentros de veleros escuela, y en cada una de esas citas ha sumado un eslabón más a la cadena de amistad que une a las armadas de España e Hispanoamérica.
Más de cinco décadas después de aquella botadura bilbaína, el ARC Gloria continúa en activo, con la lona entera y la vocación intacta. Una escuela de honor y camaradería que Colombia ha sabido mantener viva, y que sigue llevando su nombre, y su orgullo, a cada puerto donde da fondo.
⚒ Constructor: Astilleros Celaya