Historia y legado
La Dama Blanca,
pura elegancia y tradición
Hay nombres que pesan, y el de Esmeralda pesa como pocos. Evoca la corbeta que el 21 de mayo de 1879 combatió en Iquique a las órdenes del capitán Arturo Prat y se hundió con su bandera izada, y la Armada de Chile lo confió a este velero, el sexto de su historia en llevarlo. Cada vez que su silueta blanca asoma en un puerto, esa memoria navega con ella.
Su nacimiento fue una lección de perseverancia. Encargada en 1946 a Echevarrieta y Larrinaga como gemela del Elcano, con el nombre previsto de Juan de Austria, quedó inacabada tras la explosión de 1947 que destruyó el astillero gaditano. En 1951 pasó a manos chilenas, en el marco de un acuerdo entre ambos países para saldar deudas; se botó el 12 de mayo de 1953 en la Sociedad de Astilleros de Cádiz y fue entregada el 15 de junio de 1954, bajo el mando del capitán de navío Horacio Cornejo Tagle.
Con cerca de tres mil metros cuadrados de velamen es uno de los mayores veleros escuela del mundo, y su porte elegante le valió el apodo de «La Dama Blanca». A bordo se forjan los guardiamarinas de la Escuela Naval Arturo Prat, que descubren aquí que el mando se sostiene sobre la humildad y la disciplina compartida. Desde que zarpó de Cádiz el 16 de junio de 1954 y fondeó en Valparaíso el 1 de septiembre de ese año, ha recalado en centenares de puertos como embajadora itinerante de Chile.
Hermana gemela del Juan Sebastián de Elcano, la Esmeralda es además un hilo de plata entre las armadas de España y Chile, un recuerdo de que la amistad entre los pueblos se teje con singladuras. Más de setenta años después de su entrega sigue zarpando con la elegancia de siempre y con la misma misión: ser puente entre culturas y escuela de carácter. Una dama que, pese a las dificultades de su cuna, ha sabido llevar con honor el nombre y la bandera de su patria.
⚒ Constructor: Astilleros de Cádiz S.A.