Historia y legado
El velero que simboliza
el orgullo de una Nación
Llevar el nombre de Juan Sebastián de Elcano es aceptar una herencia monumental: la de quien culminó la primera vuelta al mundo y recibió de Carlos V un escudo con un lema inolvidable, «Primus circumdedisti me». A honrar esa memoria se destinó este bergantín-goleta de cuatro palos, botado el 5 de marzo de 1927 en los astilleros Echevarrieta y Larrinaga, de Cádiz, y entregado a la Armada en 1928.
Todo en él es tradición hecha acero y lona. Sus palos se llaman Blanca, Almansa, Asturias y Nautilus, nombres con historia en la Armada, y en la proa luce el mascarón de Hispania. Con ciento trece metros de eslora, cuando larga el aparejo cualquier muelle del mundo sabe que ha llegado una bandera española.
En 1928 tomó el relevo del veterano Galatea en la formación de guardiamarinas, y desde entonces cada crucero de instrucción es un curso que se imparte en cubierta y se aprende en la guardia, en la maniobra y en la camaradería. Concebido sobre los mismos planos que el Esmeralda de Chile, navega en buena compañía de los grandes veleros de la hispanidad, con los que ha compartido regatas y una amistad que une a las armadas de España e Hispanoamérica.
Casi un siglo después de su botadura, sigue saliendo de su puerto base de Cádiz con la ilusión de la primera singladura, convertido en uno de los embajadores más queridos de nuestra Armada y en la mejor prueba de que una tradición bien cuidada nunca envejece.
⚒ Constructor: Echevarrieta y Larrinaga